Chanchullos secretos de CC para “comprar” a José Antonio Reverón (4)


El alcalde, Sosa y Tatanito intentaron que ‘el de la mochila’ cesara en las denuncias a Fiscalía a cambio de un sueldo, un móvil y un despacho en el Ayuntamiento

¿Acaso creían que ya les había contado lo más fuerte de esta película que ha vivido y sufrido el concejal que ha abanderado la lucha anticorrupción en el Ayuntamiento de Arona? Pues qué va. Solo les he perfilado la parte más light de la guerra que el gobierno bertista, determinados técnicos municipales, empresarios y hasta su ex PSOE han librado para intentar aplacar, controlar y quitar de en medio a José Antonio Reverón (quien acabó dejando el PSOE y fundando Ciudadanos por Arona).

(Advertencia para públicos sensibles: En este capítulo hay escenas de terror).

El alcalde y su equipo estrenaron la mayoría absoluta que lograron en 2007 (histórica porque hacía dos décadas que ningún grupo conseguía concejales suficientes para gobernar en solitario, sin pactos) con una prioridad clara: defenestrar políticamente y vengarse de los socialistas responsables de sus imputaciones judiciales: Paco García Santamaría y José Antonio Reverón.

Los bertistas nunca asumieron que eran ell@s los presuntos delincuentes por haber gestionado el Ayuntamiento al margen de la legalidad (el Caso Arona arrancó con cientos de licencias de obra concedidas con informes jurídicos desfavorables, contratos de obras públicas adjudicadas a dedo, enchufes de personal y tejemanejes en el Plan General de Ordenación que llevan siglos tramitando).

Sino que enfocaron el asunto desde el primer momento como si los golfos fueran quienes les habían denunciado (aunque esa fuera su obligación como oposición).

Venganza económica.

La primera medida de CC fue rebajar la asignación municipal para grupos políticos un 80% para asfixiar económicamente al PSOE. Partían de que José Antonio Reverón vivía de ese dinero, y de que sin pasta seguramente dejaría la oposición (recuerden que había tenido que pedir excedencia de su plaza de funcionario y dejado de cobrar sus cerca de 2.000 euros de sueldo mensual como jefe consistorial de Rentas). Pero su plan no funcionaba, y ‘el de la mochila’ seguía arrastrando al grupo socialista a hacer una radical oposición antilegalidad.

Para ver si lo mataban de inanición, Berto&Company probaron a bloquear el abono de la mísera asignación que dejaron a los grupos políticos (mientras los gobernantes bertistas se subieron los sueldos más de un 40%) y, además, a bloquear durante meses el pago de las dietas por asistencia a plenos y comisiones. Pero eso tampoco funcionaba, aunque siguieron haciéndolo de forma habitual durante todo el mandato sabiendo que su situación económica debía ser apurada -y lo ha sido, extremadamente apurada-.

Venganza conta Santamaría: camping Nauta.

Al mismo tiempo, iniciaron una embestida consistorial, económica, judicial, periodística y social contra Santamaría por la infracción del camping Nauta (tema en el que yo colaboré periodísticamente, por cierto, porque ese asunto había sido una exclusiva periodística mía que Paco negaba. Se le llegó a ir tanto la pinza con el tema, que él y Felipe Campos colaron una rectificación de mi artículo aún sabiendo que yo tenía razón en lo que había publicado). Aunque los detalles de la venganza que emprendieron contra Paco mejor la dejo para otro capítulo para no liarlos.

A pesar de esas zancadillas, los socialistas seguían sin aplacar su línea de oposición y, para colmo, Felipe Campos (abogado que preparó la denuncia de Santamaría) salía en prensa acusándolos de corruptos y profiriendo contra los imputados los ataques más duros que habían recibido jamás públicamente. Intentaron incluso denunciarlo por injurias y calumnias, tal y como anunciaron en prensa en múltiples ocasiones. Chocaron con la Libertad de Expresión y con el hecho de que en este país quien dice la verdad ni peca, ni miente, ni delinque. Y, junto con ‘su’ abogada de Madrid (una de las que están pagando con dinero público), llegaron a hacer el ridículo al solicitar al juez instructor del Caso Arona que tomara medidas contra las declaraciones públicas de Campos sobre ese procedimiento (jajajaj, plantearon incluso que me frenaran mis filtraciones en prensa sobre la causa). No les hicieron ni puto caso, claro.

El terror a esas declaraciones y a las nuevas acciones judiciales que prometía emprender Campos contra el nuevo gobierno por seguir reiterando hechos como los que se estaban investigando en los juzgados (entre otras muchas aparentes ilegalidades), llegó a bloquear la concesión de licencias urbanísticas (hoy por hoy, aún no han terminado de resolver las más comprometidas) porque los técnicos no se atrevían a firmar informes peliagudos y porque los gobernantes no se atrevían a conceder licencias con advertencia de ilegalidad y de posibles responsabilidades penales. También bloquearon los pagos por obras y servicios ilegales (muchas de ellas siguen sin pagarse y están siendo reclamadas por vía judicial).

Los bertistas se estresaron, y hasta quejaron, por tener que empezar a adjudicar las obras mediante concurso público (un trámite farragoso que ralentiza su ejecución y dificulta su adjudicación a los amiguetes, jajajaj). E iniciaron una potente campaña de descrédito contra sus denunciantes atribuyéndoles la culpa por la paralización del Ayuntamiento.

Constructores desquiciados.

Los constructores se desquiciaron por el bloqueo de todas sus licencias, especialmente por las de primera ocupación -cientos de obras terminadas quedaron en un limbo porque los políticos no se atrevían a bendecirlas por las advertencias de ilegalidad que pesaban sobre sus licencias de construcción y sobre los proyectos ejecutados-. Y también estaban desesperados por el retraso que todo el caos judicial estaba provocando en la entrada en vigor del Plan General que la Cotmac había aprobado de forma definitiva en diciembre de 2006 y que el Ayuntamiento había bendecido antes de elecciones (jajaja, y aún no ha entrado en vigor, para que vean lo legal que era).

Muchos de ellos, además, estaban a punto de infarto por el miedo a que la investigación del Caso Arona les salpicara (comisiones, sobornos, tratos de favor,… ya saben).

Se reunieron, presionaron e intentaron engatusar a todos los socialistas que pudieron: alcaldes del sur, miembros de la ejecutiva insular y regional del PSOE e, incluso, al socialista delegado del Gobierno estatal. Los constructores les pedían, básicamente, que controlaran a su equipo aronero y que les disuadieran de seguir judicializando la política municipal. (Y muchos jerifantes socialistas se aliaron con ellos en ese intento de mantener la política alejada de los tribunales).

Los constructores llegaron a reunirse con Felipe Campos para negociar un tratado de paz, aunque fuera en lo relativo al Plan Parcial El Mojón. Apelaban a su sentido de la responsabilidad, a que cesaran en su afán por sacudir las ilegalidades de ese ayuntamiento en lo que afectaba “a la economía del municipio”. En resumen, su propuesta era que sus guerras políticas no perjudicaran a los empresarios que se relacionaban y dependían del Ayuntamiento para sus trámites y/o contratos, fueran ilegales o no.

Y a Paco Santamaría lo sometieron a una auténtica operación de acoso para que recondujera su oposición legalista y judicializadora en todo lo que guardara relación con sus intereses económicos (adornaban bien su acoso). La presión que sufrió fue tal, que llegó a hundirse psicológicamente.

Negociaciones para fumar la pipa de la paz PSOE-CC.

Y en un momento dado (en 2008) constructores, gobernantes imputados y un guardia civil que cogieron como intermediario, se unieron en bloque para negociar con el PSOE por un lado y con Campos por otro el cese de las hostilidades judiciales. Esas negociaciones se desarrollaron de espaldas a José Antonio Reverón, aprovechando que había salido de la isla durante dos meses.

–>El trato que planteaban para que todos tuvieran la fiesta y las perras en paz era que el grupo de gobierno dejaría de perseguir a Paco Santamaría con el camping Nauta y que liberarían a José Antonio Reverón asignándole un sueldo como concejal de la oposición, un despacho y un teléfono móvil. (En esa época el gobierno empezó a plantear la aprobación de un nuevo reglamento orgánico municipal para posibilitar esa opción de liberar ediles de la oposición).

A cambio, Santamaría debía mantener alejado a Felipe Campos de los asuntos del Ayuntamiento de Arona, “controlar” a José Antonio y, en general, apaciguar la línea de oposición socialista.

La condición trampa de Berto y Sosa:

Pero había una condición más impuesta por el alcalde y por su edil de Urbanismo (Antonio Sosa): que los socialistas participaran en la concesión-desbloqueo de licencias. Es decir, que la oposición decidiera qué licencias se podían conceder.

Uy, se me olvidaba que ese entente político-técnico-empresarial pro ilegalidad también había embestido contra la jefa jurídica de Urbanismo (Manoli) cuestionando su capacidad y cordura. Venían a decir que estaba loca, que no tenía ni put idea y que por eso ponía reparos de legalidad a todas las licencias (se la acabaron cargando de su puesto y sustituyéndola por alguien más dócil).

Los de CC alegaban que aunque sabían que muchas de las licencias reparadas no eran ilegales (sino que tenían informe desfavorable por los desvaríos de Manoli),  no se atrevían a concederlas porque temían que Campos aprovechara para seguir criticándolos en prensa.

El denunciante del Caso Arona (Paco Santamaría) aceptó el trato (controlar a José Antonio y a Felipe Campos, y participar en la concesión de licencias). Aunque con la condición de que las licencias fueran estudiadas también por un asesor del partido, en este caso un jerifante de la ejecutiva insular: José Antonio Valbuena.

Santamaría, Valbuena y Berto (entre otros) se reunieron una tarde-noche en el Ayuntamiento y lo dejaron todo listo para que los socialistas aprobaran en comisión y pleno cuatro licencias con informes jurídicos desfavorables por cuestiones aparentemente poco relevantes.

El de la mochila desbarata el chanchullo político-técnico-empresarial-policial.

Todo estaba listo para que el trato de acercamiento y el intercambio de favores pro corrupción se consumara. Salvo un pequeño detalle: nadie habló de todo eso con José Antonio Reverón. Éste sospechaba que algo pasaba desde antes de irse de viaje, porque veía a Paco “raro” y porque estaba muy “frenado”. Y cuando volvió, se convenció aún más de que algo chungo estaba pasando.

Hasta que llegó la comisión de urbanismo y se encontró con la sorpresa de que el secretario general, Cristian Represas Marcelino, (que también estaba metido en el ajo) y el gobierno pretendían compartir con la oposición el acuerdo de concesión de licencias urbanísticas. Se sofocó, protestó, expuso sus reticencias de perplejidad por tan insólito proceder y montó en cólera. Su argumento era que esa era una competencia del alcalde y del gobierno, que para algo cobran. Y que si no eran capaces de asumir sus responsabilidades y de gestionar por sí mismos el área de Urbanismo, que se fueran y le dejaran ese área a él como gobernante.

Jeje, muy en su línea, dijo también que si la política del municipio y las decisiones del Ayuntamiento las tomaban los empresarios, mejor se marchaban todos para sus casas -oposición y gobierno- y dejaban gobernando a Pedro Suárez y a Agustín Marichal “porque puestos a obedecerlos, que gobiernen ellos y así nos ahorramos un montón de sueldos”.

La bronca entre Santamaría y José Antonio:

Se fue encolerizado de la comisión y los dejó a todos con una patada en la boca y con el rostro desencajado (sin debatir las licencias, claro). Esa tarde acorraló a Paco Santamaría para que le contara de pe a pa, con puntos y comas, qué era lo que habían estado tramando y negociando. Fue ahí cuando se enteró de todo, incluyendo la propuesta de comprarlo con un sueldo y un teléfono pagados por el erario público.

Y lo puso como un zapato (bueno no, los zapatos los dejamos para José Julián Mena, jeje). Lo puso de bobo rematado. “¡¡Pero cómo vamos nosotros a participar en la aprobación de las ilegalidades que estamos denunciando en los juzgados, simplón!! ¿Tú no ves que nos quieren liar, que eso no es normal? Que hagan las cosas bien y ya está, y si no saben cómo gobernar legalmente y arreglar la que tienen montada en el Ayuntamiento, que se manden a mudar!!”, repetía desaforado el de la mochila.

Uff, y con lo del sueldo, tenían que haberlo oído… Insultó tanto a Santamaría y se pilló tal cabreo, que estuvieron una temporada sin hablarse, o hablando solo lo justito.”Si todo se resumiera en un sueldo, mandaba todo esto a la mierda y volvía a mi trabajo de funcionario”, repetía indignado.

Paco acabó recuperando la cordura y dándose cuenta de que, efectivamente, nada de todo eso era normal.

En primera persona.

Les he narrado este capítulo con tanto detalle porque yo viví todo ese proceso de cerca, intentando desentrañar con José Antonio qué carajo estaba pasando (proceso que duró varios meses, pues teníamos la mosca detrás de la oreja desde que empezamos a oír tambores de que estaba habiendo reuniones secretas entre el PSOE, CC, empresarios y el guardia civil).

Evidentemente, la campaña político-empresarial para acallar las denuncias de corrupción también se dirigió contra mí, ya que era jefa de la sección Sur de La Opinión, en aquellos tiempos el periódico más libre y crítico de la isla en temas de corrupción. Aunque la verdad, mi parte fue mucho más sosa que la de José Antonio 😉 .

(¿Van viendo por qué les digo que yo me lo he pasado pipa con el periodismo en general y con José Antonio en particular? Xd, es un chollo vivir de cerca semejante peliculón de aventuras (lo único malo es que en realidad no es una película, sino la vida real. Pero bueno, una vez que se asume que las hostias no son de mentirita y que aprendes a soportarlas, esto es la releche de las emociones, jajaja).

Supongo que a estas alturas del harismo tendrán claro ya que, como no podía ser menos, casi todo lo que les he relatado está recogido en las escuchas policiales del Caso Arona 😀

Y ¿saben qué?, esta historia se puso aún muuuuuchísimo más interesante. Sí que había cosas raras detrás de esos tratos secretos, y tanto que las había… Ah, de Tatanito (que lo nombré en el subtítulo) no he hablado, pero sale bastante en estos capítulos, aunque ya no era concejal de CC.

Continuará

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2 comentarios el “Chanchullos secretos de CC para “comprar” a José Antonio Reverón (4)

  1. Playera-Aronera dice:

    AMEN!!!!!!!AMEN!!!!!!!!!AMEN!!!!!!!!
    CUANDO LA VERDAD ES RELATADA COMO LA RELATA BLANCA, Y SE COMPRUEBA QUE ES LA VIVIDA, NO ES NECESARIO AÑADIR NADA MAS, SOLO CORROBORAR LO ESCRITO.

  2. […] “Chanchullos secretos de CC para comprar a José Antonio Reverón (4)”, posteado el 21 de […]

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